Una noche dedicada a hablar sobre el Jesús “Que Sana Sin Igual,” causo una respuesta en masa del los estudiantes que se dirigieron al frente del estadio para arrodillarse y para orar, buscando ser sanados por del dolor que cargan.
Por más de media hora, los estudiantes se arrodillaron en el piso, llorando, con manos en el pecho, con manos elevadas en adoración, y abrazando. Como compañeros de toda la vida iban ha orar con los miembros del equipo de oración.
Mientras tanto el equipo de alabanza canto una simple canción:
Y yo, estoy desesperado por ti;
Y yo, estoy perdida sin ti.
Aún antes de que fue hecha la invitación de buscar oración, una estudiante llorando se levanto y corrió a Lillie Johnson del Equipo de Oración. Los estudiantes expresaron necesidades que incluían relaciones rotas, abuso, perdón de pecado, problemas de imagen, y muchos problemas difíciles en sus hogares.
Fueron testigos de la verdad encontrada en las palabras de Smith que “las personas tienen un dolor mucho más aya de lo físico.” Le dijo a los estudiantes que solo una persona podía curar su dolor – “¡Su nombre es Jesús!”
Smith animó a los estudiantes, explicándoles que es la naturaleza de Dios sanar. “Así es nuestro Dios,” dijo. “Dios tiene compasión por las personas lastimadas.”
Judy Howard Peterson le contó a los estudiantes sobre su larga caminata cruzando los Estados Unidos que comenzó con una mochila pesando más de 80 libras. Ella dijo que para el segundo día estaba convencida que nunca lo iba a lograr y que tenía que parar. Sus piernas se sentían débiles y sus pies estaban cubiertas de hinchazones dolorosos. La persona con la que iba caminando la animó a continuar, y cuando sentía que ya no podía continuar una mujer paro su van y ofreció cargar la mochila de Peterson, hasta su próxima parada.
“Ella solo dijo, ‘Yo lo llevó por ti,’” contó Peterson, que al fin llegó a su meta. Peterson observó que como la mujer que ofreció cargar su mochila, Jesús quiera aliviarnos de las cargas pesadas que llevamos sin necesidad.
Peterson también sugirió que mucho del dolor viene del sentimiento que nuestros pecados no pueden ser perdonados. “El perdón sana sin igual,” dijo ella añadiendo que Jesús “no conserva un récord de nuestros males.”
Peterson comentó también sobre la importancia de ofrecer el perdón, diciendo que Jesús quiere sanarnos de forma tan increíble y completa que nos podamos voltear a perdonar a los demás.
Es fácil recibir el perdón, “pero es muy difícil ofrecerlo,” ella confesó. “El perdón por naturaleza no es justo,” ella dijo, añadiendo, “Gracias a Dios que no es justo.”
Ella contó sobre el rencor que le tenía a su padre que la abandono a ella y a su familia cuando era niña. Contó que su padre no estuvo ahí cuando conoció a Cristo, cuando caminó por los Estados Unidos, cuando se volvió pastora, cuando se casó.
Peterson dijo que no sabia si podía ir a una reunión familiar a la cual su hermano había invitado a su padre. “Se suponia que yo tenia que ser la misma y mi padre debía ser diferente,” ella explicó que en su viejo concepto del perdón su padre era el que tenía que pedir perdón.
Ella consideró no ir, pero podía sentir a Dios diciendo que debía ir. Fue, pero de todos modos, por días en la reunión, no quiso hablar con el hombre que la había lastimado por tantos años.
Antes de partir caminos con su padre tuvo la fuerza de decirle, “Papá, te quiero.” Ella dijo que el comenzó a llorar como “un animal lastimado,” y que le dijo que el también la quería pero que no supo como decirlo.
Peterson dijo que si ella no hubiera ofrecido perdón, nunca hubiera recibido palabras de amor de su padre.
“Esta noche, Jesús quiere estar dentro de tu dolor,” dijo Peterson. Es un mensaje que escucharon los estudiantes, y evidente en su reacción, lo escucharon de forma clara, y fuerte.
El Equipo de Comunicaciones de CHIC esta proveyendo cobertura diaria de CHIC 2006 desde la Universidad de Tennessee en Knoxville en linea como parte de esta cobertura. Para más artículos, galerías, y diarios cibernéticas (con traducciones en español), favor de ir a CHIC 2006.
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